jueves, 21 de junio de 2007

Operación Supergen andalucista

Autor: José Félix Machuca
Fuente: ABC de Sevilla, 20 de junio de 2007

«COMO verás la cosa no está como para beber champán y hacernos la ola. Más bien estamos para un cambio radical. Tenemos todas las papeletas para presentarnos al programa ese de Cambio Radical y que nos hagan un favor grandísimo para subirnos la autoestima y podamos comparecer ante las próximas elecciones gustándonos mucho y gustando más todavía a los andaluces. Pero la cosa está dura, dura, dura. Con grave peligro de que, si no ponemos remedio y pensamos por una vez en la vida en nosotros mismos, podemos desaparecer por el sumidero de las próximas elecciones autonómicas y convertirnos, desde entonces, en pura arqueología política. Así que no le arriendo las ganancias a Julián Álvarez ni a los andalucistas que sigamos empeñados en serlo. La cosa está mal, mal, mal. Tenemos doscientos cincuenta mil partidarios a los que hay que sumarles, de aquí a las elecciones, los que podamos, para seguir con la tienda abierta y no colocar en las puertas del partido aquello de «Cerrado por defunción». No queremos morirnos. Creemos que somos necesarios en una política cada vez más bipolar. Otra cosa es que seamos capaces de creérnoslo.
Así que a partir de ya vas a ver a Julián Álvarez con el bote de Supergen en la mano y pegando los trozos, los jirones del mapa andalucista que entre todos hemos depredado. Por muy desgarrado que esté ese mapa Julián va a intentar hilvanarlo. Pegar y sumar. De aquí a las elecciones Julián va a gastar unos cuantos kilos de bote de pegamento intentando pegar y sumar los rotos y descosidos familiares de un grupo dividido, subdividido y que se ha jurado odio eterno en muchos casos. ¿Qué si se van a dejar coser los fragmentos más opuestos? A ver qué otro futuro nos queda. O hacemos grupo y proyectamos una imagen de unidad y coherencia o nos retiramos a la reserva como el indio Jerónimo. A contarnos unos a otros las viejas batallas del partido, la historia de la bandera, la batalla de Escuredo, la autonomía light... Batallitas. Las batallitas de un tiempo ido y que estás obligado a contársela a los nietos. Solo a los nietos.
Lo que toca hoy es pegar y sumar. Lo que yo te diga. Algunos guasas del partido conocemos este momento como operación Supergen. Julián, a sumar y a pegar. Superando olores, sabores, sensaciones, gustos y disgustos. No está el patio para hacer de las cosas personales principios políticos suicidas. Y te aseguro que Julián (no le queda otra) va a llamar a los que están fuera de cobertura y a los que siguen estando con el teléfono dispuesto; a los que se creen alcaldes de Nueva York o defensores de pueblos sin toga. A los que siguen dentro y a los que se fueron. Tendrá que ir llamando a Cádiz y a Huelva. A Sevilla y Málaga. También a Jerez. A Marchena y a El Pedroso. Allí donde haya una banderita de las nuestras, dentro del gran mapa político que controla hoy el PSOE o el PP, allí que se tendrá que encajar Julián para hacer valer este primer objetivo de su campaña: apaciguar, pegar y sumar. No hay otra. Instalarse en el ajuste de cuentas, en este navajazo te lo debo desde hace cuatro años, demostrado está que lo sabemos hacer mejor que nadie. Pero que también demostrado queda que sólo nos lleva con seguridad a la mayores de las ruinas. De las ruinas electorales. Sí, sí, ya se que pedirle a mi partido un acto de serena reflexión para salvarse a sí mismo es lo mismo que pedirle al PSOE que haga un metro en Sevilla. Pero no estamos para muchas alegrías. ¿Liderazgos? ¿Me hablas de líderes en la situación que atravesamos? Pues creo que no me has entendido nada. Aquí no se busca un líder. No estamos en ese tiempo, en esa fase. Aquí lo que se busca es un partido homogéneo, hilvanado, agrupado para presentarnos a las autonómicas y no desaparecer aplastados por el olvido electoral y por el peso del los grandes. Eso es, ni más ni menos, lo que se juega el partido. No cerrar por defunción. Los líderes vendrán después. Después de las elecciones. Si aparecen. Pero hasta las elecciones no queda otra más razonable que pegar y sumar...»

(Un andalucista cercano al comité nacional del partido)

miércoles, 20 de junio de 2007

El PA y la deriva nacionalista

Autor: Salvador PérezBueno (economista y ex-secretario general del Partido Andalucista)
Origen: diario El País, Junio de 2007
Lo sucedido al PA tras las últimas elecciones municipales no es fruto de una coyuntura electoral sino que hunde sus raíces en causas más profundas que subyacen en todo el proceso de la transición política y desarrollo posterior de la democracia española. La persistente incapacidad de definición de un proyecto político moderno y la persistente conflictividad interna hasta nuestros días están en la base del devenir de esta formación política.
En sus orígenes el Partido Andalucista, entonces PSA, era una formación política que en la clandestinidad competía con el PSOE por el espacio socialista, aunque con más radicalidad que este. Pero integrado en la FPS (Federación de Partidos Socialistas) participaba de una estructura estatal junto con los socialistas catalanes y vascos.
A la llegada de la democracia, tras las primeras elecciones, el PSOE, era el único que ocupaba el espacio socialista. Previamente había pactado con los socialistas catalanes y vascos la integración de estos en su proyecto y la consiguiente quiebra de la FPS, por lo que el PA quedaba aislado en Andalucía.
Inicia el PA, a partir de entonces, una transformación para abandonar el espacio socialista y poner el acento en el carácter nacionalista de la formación política. Y aflora el inicio de la conflictividad interna entre bases de origen socialista, muy radicalizadas, y los nuevos planteamientos nacionalistas. Esta conflictividad interna se irá transformando en el tiempo, con otros componentes, pero ya no desaparecerá hasta nuestros días.
El Andalucismo sería el modo andaluz de ser nacionalista y se definía de naturaleza distinta a los nacionalismos egoístas y excluyentes del norte de España. Pretendía ser un nacionalismo solidario que reclamaba un nivel de autonomía en pie de igualdad con vascos y catalanes, con la finalidad de disponer de una herramienta capaz de sacar a Andalucía del atraso relativo en España.
Sin embargo esto no tuvo nunca una concreción clara en proyectos y en la acción política y, como consecuencia de esta indefinición, siempre hubo una tentación de emulación de los nacionalismos del norte. La situación se agravaba ante la falta de articulación estatal y relación con formaciones políticas europeas en el nuevo marco de la Unión Europea.
El último episodio de emulación de los nacionalismos del norte lo hemos visto en el último referéndum de reforma del Estatuto andaluz donde el PA pedía el NO porque quería un estatuto como el catalán.
La reforma de la estructura del estado mediante la modificación de los estatutos de autonomía que se esta llevando a cabo es contraria a los interese de Andalucía y de España. Con independencia de otras cuestiones, lo sustancial se centra en la solución del problema catalán (si se puede llamar así) introduciendo elementos de confederalismo en su estatuto, y la adopción de un sistema de financiación privilegiado que rompe definitivamente con la solidaridad a que obliga la configuración de todo estado moderno y nuestra Constitución.
Así concebido, el estatuto catalán, abre una senda al País Vasco, que por otro lado favorecería, a juicio del gobierno, la solución del problema de ETA. Y no deja de ser una reforma de la Constitución vigente que, como alguien ha dicho, se realiza como lucha larvada contra la misma, desconociendo los límites del poder.
Así las cosas el problema no está tanto en el Estatuto de Andalucía como en el de Cataluña, donde se ha roto la solidaridad. Andalucía reclama igualdad y solidaridad, pero no debe emular a Cataluña en su fuga hacia adelante reduciendo la eficacia del Estado, porque de esta eficacia depende en gran medida la igualdad y la solidaridad.
Por todo ello, desde Andalucía, la mejor reforma de la Constitución asumible en el futuro será la que entre otras cosas derogue el Estatuto catalán recientemente aprobado (si no lo arregla antes el Tribunal Constitucional), y el concierto económico del País Vasco que es un monumento a la insolidaridad. No entro a dilucidar cómo se le pondría el cascabel al gato pero desde estos argumentos se ve claramente lo descolocado que anda el PA.
En el juego de fuerzas que se generan a nivel del Estado, los nacionalismos del norte vienen operando obteniendo ventajas debido a las necesidades de apoyo que los grandes partidos tienen para lograr estabilidad en el gobierno. Pero el juego se ha vuelto peligroso porque saltando las costuras constitucionales se ha entrado en una vía que Wagner Sosa ha llamado con acierto la “fragmentación del Estado”.
A lo mejor ha llegado el momento de que una fuerza política como la que propugna Fernando Savater, progresista, defensora del Estado Federal y de niveles de autonomía iguales para todos los pueblos de España se abra camino como fuerza estabilizadora que neutralice el potencial desestabilizador de los nacionalismos del norte.
Aquí podría el PA encontrar la solución de sus problemas de definición y alcanzaría la necesaria articulación en el Estado que tuvo en sus orígenes. Naturalmente que tendrían que sacrificar dirigentes y acabar con la cultura de la conflictividad tan arraigada en ellos. En otras palabras hacerse el haraquiris para que nazca otra formación que defienda los intereses de Andalucía y de España pero con más claridad y más moderna.

domingo, 17 de junio de 2007

El potencial demográfico

Autor: José Joaquín León - 17 de junio de 2007
Fuente: Diario de Sevilla


En la democracia un hombre (o una mujer) es un voto mientras no se abstenga. Es, por consiguiente, un sistema de gobierno que se basa en las mayorías, aunque respeta a las minorías. En esta semana, el Instituto Nacional de Estadística ha dado a conocer los datos del padrón de 1 de enero de 2007. Se ha destacado que España supera por vez primera los 45 millones de habitantes, gracias a los inmigrantes, que ya son casi el 10 por ciento de la población. Pero hay otras curiosidades. Una de ellas es que Andalucía tiene 8.039.399 habitantes, y se mantiene como la comunidad autónoma o realidad nacional más poblada, seguida por Cataluña, que cuenta con casi un millón de habitantes menos (7.197.174), y Madrid, a la que aventaja en dos millones de habitantes (6.061.689). Detrás, a considerable distancia, figura la Comunidad Valenciana, con 4.874.811 habitantes.

Andalucía es la comunidad autónoma más importante de España, en lo cuantitativo. Pero es incapaz de conseguir que su peso específico poblacional, dentro de España, se traduzca en verdadero poder político y económico. Uno de cada 5,5 de los habitantes del Estado es andaluz. Tres de las ocho provincias más pobladas de España (Sevilla, Málaga y Cádiz) son andaluzas, pero la importancia cualitativa de Cataluña, Madrid, e incluso la Comunidad Valenciana es superior, según los niveles de renta, de consumo y la influencia política.

Tan llamativa como la poca capacidad andaluza para darse a valer en el conjunto de España es la que tienen otras comunidades o realidades nacionales para multiplicar su importancia real. Es el caso del País Vasco, que tiene 2.141.116 habitantes repartidos por Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, algo más de la cuarta parte de los habitante andaluces. Si se le suman los 605.022 de Navarra, como pretenden los ideólogos de la Euskalherría, nos salen 2.746.138, que son el 6 por ciento de los españoles. Y si les excluimos a los navarros, mientras no se demuestre lo contrario, se quedarían en el 4,7 por ciento. En España viven el doble de extranjeros (4.482.568) que vascos.

Es incomprensible que no dejen entrar en el Parlamento y en los Ayuntamientos a los partidos que no llegan al 5 por ciento, mientras una comunidad autónoma o realidad nacional que no llega al 5 por ciento de la población española marca la agenda de la política nacional. La culpa de todo esto la tiene D’Hondt con su ley electoral, que no cumple el valor básico de la democracia de que un hombre (o una mujer) vale un voto, al no existir circunscripción única. En este pecado político llevamos la penitencia de que los abertzales, una minoría de una comunidad minoritaria, utilicen el chantaje contra las mayorías.

sábado, 16 de junio de 2007

Yo no importo (1) .- De la fidelización del voto, de la militancia

Hablemos de Andalucismo


La situación del Partido Andalucista es la peor de su historía; si bien el número de concejales y diputados en el Parlamento Andaluz en el año 1983 era claramente menor que en la actualidad, cualitativamente, la situación hoy, es mucho peor.

En 1979 este partido tuvo la primera oportunidad de ser el partido de referencia para los andaluces y ser el partido de Andalucía; la segunda la tuvo casi diez años después cuando consiguió 10 diputados en el Parlamento de Andalucía. En ambas ocasiones se desperdició la oportunidad de convertirse en un movimiento social, en un partido estructurado bajo una ideología clara, de progreso, de izquierda, tal y como se siente el pueblo andaluz en su conjunto.

Siempre que ha tenido un batacazo, alguno no ha sido solo electoral, ha aparecido la imagen salvadora de Alejandro Rojas Marcos; un hombre capaz de hacer una estructura electoral tan fuerte como para llegar a ser Alcalde de Sevilla, hacer temblar a un etarra, desquiciar a Felipe González, provocar insomnio a Alfonso Guerra, pero incapaz de consolidar un partido político.

Es probable que sea una cuestión de método; para ganar unas elecciones en un momento determinado no es necesario el soporte de una formación política ni una obediencia ideológica. Una maquinaria electoral pseudoprofesional, la participación de colaboradores sin contenido ideológico trabajando por y para el líder, una correcta elección de mensajes y propuestas y un gran apoyo personal hacen que no solo no sea necesario un partido, una ideología, detrás para ganar unas elecciones sino que las personas que se acercan con un alto contenido ideológico se ven como rémoras para la consecución del objetivo.

Esta amalgama de personas e intereses sin una base ideológica común supone el primer y gran problema para mantener los resultados en las consultas electorales siguientes; este problema no es otro que la fidelización del voto; un ejemplo de la situación contraria lo tenemos en IU donde sus bases y sus votantes tienen un perfil claramente ideológico y definido por lo que los cargos electos de esta formación lo tienen muy fácil para saber lo que tienen que hacer para que sus votantes reconozcan que no les han defraudado; todo lo contrario que le ocurre a los cargos electos del PA.

Tras los fracasos del PA, las movilizaciones, las vitaminas para su revitalización, nunca han sido Andalucistas; las ha administrado un hombre del PA, su Presidente de honor, pero han venido de fuera del Andalucismo y no han servido para consolidarlo; el paso del tiempo está demostrando que han sido perjudiciales para el PA. Esta falta de base ideológica ha hecho que los andaluces vean en los Andalucista pura mercadería política, pura incertidumbre en sus actuaciones públicas.

Tras 20 años consecutivos de representación en el Ayuntamiento de Sevilla, los aproximadamente 90.000 votos de las elecciones de 2001 se han reducido a casi 14000 en las elecciones de mayo de 2007; en las dos últimas confrontaciones electorales se han perdido 60000 votos, a razón de 30000 menos en cada una. Tras 12 años de gobierno y 4 de oposición, la base social de PA es mínima; los que votan al PA por ideología son muy pocos y este es el gran fracaso del PA. En 1987, algunos votantes, le dieron al PA una segunda oportunidad; hoy es muy difícil que vuelvan a dar una tercera aunque no imposible.

Esta forma de curar los descalabros también ha perjudicado a la militancia real del Andalucismo; hacia dentro se han estimulado las fidelidades personales y la militancia de florero contra lo que debe ser una organización de izquierda, democrática, participativa y corresponsable de los éxitos y de los fracasos y no solo de estos últimos; si alguien no tiene la culpa de que el PA sea una organización fuerte es el militante de base, el militante o afiliado ideológicamente comprometido con los principios del Andalucismo.

Y es que también es difícil fidelizar a la militancia; una y otra vez se le reclama paciencia y trabajo y ve como "personalidades" llegadas de fuera del Andalucismo para salvarlo, tras descalificar públicamente a la propia organización, son elegidas para representar al PA en organismos públicos sin que se haya producido la más mínima rectificación ni integración ideológica ni social. Decía el buen candidato Agustín Villar que el Psoe tiene adormecida a la sociedad sevillana y yo le pregunto ¿quién o quiénes y por qué tienen a los andalucistas roncando a pierna suelta, esperando ver pasar a su compañero muerto por delante de su puerta?

Yo no importo, importa el colectivo, importa la ideología; yo no importo más que como un miembro de un cuerpo con una cabeza amueblada de ANDALUCISMO; este cuerpo tiene ya demasiados miembros muertos, inutilizados; de nada sirve que la mano derecha esté perfectamente si la izquierda tiene parkinson, que el pié derecho de saltos de alegría porque el izquierdo se acaba de torcer el tobillo... o se aprende que Yo no importo o el Andalucismo solo será una escueta referencia en las enciclopedias.

Yo no importo.

viernes, 15 de junio de 2007

Reflexiones sobre el andalucismo político y el andalucismo cultural

Autor: Paco Albadulí - Consejo Nacional de Asamblea Nacional de Andalucía -
Fuente: web de ANA

Según las encuestas sociológicas que se vienen haciendo por distintos organismos y medios de comunicación desde la transición para acá, aproximadamente hay un 20% de andaluces (porcentaje que varía poco de unas encuestas a otras) que se declara más andaluz que español, o simplemente andaluz. Si interpretamos bien el dato, podemos entender que existe al menos ese 20% de ciudadanos andaluces que se podrían considerar como andalucistas, al menos también, cultural y socialmente.

El por qué esa clara conciencia de identidad cultural no se refleja en las urnas dando un apoyo político, cuando menos en esa misma proporción, a los partidos autocalificados como nacionalistas andaluces es algo que nos intriga. Posiblemente se deba a que estos partidos no se preocupan de remarcar en sus actuaciones y en sus discursos los temas identitarios. Y quizás no lo hagan por el miedo a ser calificados de folclóricos, catetos, insolidarios o, lo peor, nacionalistas.

Hay una realidad constatable, la militancia de los partidos autocalificados de andalucistas, ya no es lo que era. En los últimos años han ido entrando en ellos, auspiciados por las direcciones, una serie de señores, muchas veces rebotados de otros partidos, que lo único que buscan es un puesto en las listas para entrar en política. La mayoría de las veces, estas personas no tienen ninguna formación andalucista, y lo que es peor, sin empeño ninguno en tenerla. (Todavía resuena en mis oídos las declaraciones de un dirigente andalucista que se vanagloriaba de no haber leído nunca a Blas Infante). Hemos de constatar también que generalmente, el poco poder político que han llegado a tener estos partidos, casi nunca se ha puesto al servicio de una concienciación andaluza (a pesar de que es un mandato a las administraciones públicas emanado del Estatuto de Andalucía y a pesar de lo que dicen sus propios estatutos).

Dentro de los muchos problemas y equivocaciones que durante los últimos treinta años ha tenido el andalucismo, podemos considerar éste el principal con diferencia: la inoperancia de los partidos políticos andalucistas. Aunque si somos optimistas, podemos constatar que todavía hay mucho andalucismo, a pesar de ellos.

Otro de nuestros grandes hándicaps es el nacionalismo español. A este respecto hemos de remarcar la dificultad para el andaluz medio de discernir entre lo “español” y lo andaluz, por la utilización que hace el nacionalismo español del estereotipo andaluz. (Un catalán, un gallego, un canario, un vasco… distingue claramente entre sus marcadores identitarios y los del “nacionalismo español”).

La estrategia del nacionalismo español en Andalucía está enfocada a desmantelar todo lo relacionado con la identidad de Andalucía. La apropiación (solo aparente) de algunos elementos visuales de lo andaluz por parte de los partidos españoles, unido a la ambigüedad en la reivindicación identitaria de los partidos andalucistas ha hecho que un andaluz medio no llegue a distinguir con claridad entre el mensaje de los partidos “españolistas” y los “andalucistas”.

También la oposición hostíl de la gran mayoría de intelectuales andaluces y del poder económico que controla los medios de comunicación en Andalucía a todo lo que huela a identidad andaluza, impide a los andaluces reconocerse como tales.

Y por último: la clara estrategia desde la Junta de Andalucía frenando la conciencia andaluza. Estrategia que podemos resumir en:

- La loapización del Estatuto andaluz

- El incumplimiento de todos los artículos del Estatuto que se refieren a la identidad y estructuración de la identidad andaluza. (comarcalización, habla andaluza, policía autonómica…).

- La consigna de llamar al gobierno del Estado, “gobierno de la nación” y a Andalucía siempre región.

- La coincidencia de las elecciones andaluzas con otras.

- etc…

Pero, repetimos, debemos seguir siendo optimistas. Si a pesar de todos estos elementos en contra, existe andalucismo y andalucistas, aunque las más de las veces nos dediquemos a pelearnos entre nosotros en vez de que hacer cosas en común. ¿Os imagináis si los partidos andalucistas trabajaran de verdad por la concienciación del pueblo, si tuvieramos algún poder político para obligar a las instituciones a cumplir el Estatuto, y si existiera un mínimo poder económico que se vinculara con el Ideal Andaluz?

¿Imposible? Recordemos a José Aumente: ¿Acaso no existe en nuestra comunidad una minoría lo suficientemente lúcida, lo imprescindiblemente seria, lo necesariamente honrada, como para liderar un proyecto colectivo? ¿ Cómo es posible que no se despierte una vergüenza movilizadora y una fuerza de indignación suficiente para poner en marcha a nuestro pueblo?

jueves, 14 de junio de 2007

Manuel Ruiz,VII Premio de Historia Ateneo de Sevilla

13/06/2007 - F. CAMERO - Diario de Sevilla

"Más allá de la crisis del andalucismo electoral, que existe, hay un andalucismo sociológico que ha sido abandonado por las instituciones, los partidos políticos y las organizaciones sociales". Con esta convicción, Manuel Ruiz Romero, doctor en Historia Contemporánea y miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía (de orientación andalucista), ha escrito Andalucía hacia la Transición, estudio que le ha valido el VII Premio de Historia del Ateneo de Sevilla, que le fue entregado la tarde de ayer.
Fruto de un año y medio de trabajo y de una tesina consagrada al análisis de los ex presidentes Plácido Fernández Viagas (el primero de la Junta preautonómica) y Rafael Escuredo y del pensamiento de Blas Infante.
Ruiz Romero indaga en los factores que durante los últimos años de la dictadura "posibilitaron la emergencia de una conciencia autonomista". "Es políticamente incorrecto decir esto -afirma el autor-, pero esta sensibilidad nace en esa época, entre otros motivos porque el propio régimen se dio cuenta de que no podía gobernar España sólo desde Madrid, lo que alentó un regionalismo funcional". Por esto se explica, señala, la propuesta de Ente Mancumunal andaluz a través de las diputaciones franquistas".
Según Ruiz Romero, Andalucía ha cambiado "para bien", pero lamenta que se que haya "perdido el valor de la unidad, un sentimiento que convocó a los andaluces durante la Transición, ahora maleado". La comunidad, opina el investigador, "ha perdido confianza en sí misma. El hecho de que "a veces se haya fomentado la falta de unión por parte de los partidos en las distintas provincias" es, para el historiador, "causa y consecuencia" de la "desactivación" de esta unidad.
Manuel Ruiz Romero considera que elementos "naturales, como el Guadalquivir", "inmateriales, como el flamenco" y "políticos, como Blas Infante" constatan la existencia de unas señas de identidad andaluzas demostrables, "reconocibles y singulares".

domingo, 10 de junio de 2007

La Ruína del Andalucismo

José Joaquín León - DIARIO DE SEVILLA - Domingo 3 de junio de 2007

UNA de las notas destacadas de las últimas elecciones municipales en Andalucía ha sido el enésimo fracaso del andalucismo. No es la primera vez que pasa, pues tanto el PA como el PSA están acostumbrados a fallar. Esta vez ha sido de las más llamativas, porque el PA no ha conseguido concejales en ninguna de las ocho capitales andaluzas y se ha quedado sin representación en Sevilla, donde incluso había tenido a Luis Uruñuela y Alejandro Rojas-Marcos como alcaldes. Y el PSA no estará en el gobierno municipal en Jerez, donde Pacheco se va después de 28 años.

Para el andalucismo el fracaso ha estado más en la calidad de lo perdido. El PA ha conseguido 235.201 votos en Andalucía y ha ganado en 24 municipios (en 17 con mayoría absoluta). Los andalucistas han funcionado mejor en cabeceras de comarca, y han obtenido ayuntamientos como Utrera (Sevilla), Ronda (Málaga) o Vera (Almería), mientras que pueden conseguir las alcaldías de San Fernando y Ubrique (Cádiz), entre otras, mediante pactos con el PP. El PSA ha logrado 48.730 votos y ha ganado en sólo dos municipios andaluces.

Un dato poco aireado es que si los andalucistas del PA y el PSA hubieran ido unidos a las elecciones en Sevilla hubieran conseguido el concejal del honor con el 5,21 por ciento. Aunque pocos y mal avenidos, esa división es uno de los grandes problemas históricos que ha llevado al andalucismo a su ruina. Se originó por el enfrentamiento entre los partidarios de Rojas-Marcos y los de Pacheco, pero hoy ya no tiene lógica alguna, considerando que el ex líder del PA se retiró de la política activa y el ex alcalde de Jerez está en ello.

La revitalización del andalucismo en un solo partido, unido, fuerte y con las ideas claras, es una asignatura pendiente de la política andaluza desde hace muchos años. Misión difícil porque ya no quedan teóricos como José Aumente, ni prácticos, como los Rojas-Marcos, Uruñuela, Arredonda y Pacheco de los primeros tiempos. Necesitarían nuevos líderes, que no son fáciles de fabricar sin apenas poder, peleados, y con pocos medios.

Mientras no exista un partido andalucista fuerte, en Andalucía no habrá opción real de cambio. El ejemplo de Sevilla vale: ha ganado el PP en número de votos, pero el PSOE recurre a IU de muleta cuando lo necesita, mientras los populares no tienen socio. Para que el PP gobierne en Andalucía necesitaría más votos que la suma de PSOE e IU, y eso pasa por tener a un nuevo PA fortalecido como socio o por el trasvase directo de decenas de miles de votantes socialistas, algo improbable en un plazo de 20 años, hasta que cambien las generaciones. La ruina del andalucismo es la eternidad para Chaves.

El mapa político de España

José Joaquin León - Diario de Sevilla - 10 de junio de 2007



EL pasado 27-M hubo elecciones municipales, pero también autonómicas. Con la excepción de las consideradas nacionalidades históricas o realidades nacionales, que son Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía, en todas las demás comunidades se eligieron los parlamentos regionales. Lo más destacado ha sido el caso de Navarra, con el crecimiento de los nacionalistas, pero no los de UPN, que es la franquicia foral del PP, sino los nacionalistas vascos de Nafarroa Bai, partidarios de la anexión de ese territorio foral para ir formando la Euskalherría, que también tiene una parte en Francia, como se sabe.Se ha hablado mucho del caso de la comunidad de Madrid, donde Esperanza Aguirre sigue acumulando méritos en pugna con el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, por si es menester suceder a Mariano Rajoy más pronto o más tarde. Y por las malas consecuencias que tuvo para Rafael Simancas, que ha terminado en su casa con dos palizones electorales, a modo de voto de castigo, tras el numerito del tránsfuga. Como para algunos tertulianos mesetarios, este país se divide en el País Vasco y sus treguas, Cataluña y sus tripartitos, y Madrid que somos todos, apenas se ha hablado de lo demás y menos se ha escrito.Sin embargo, en las pasadas elecciones autonómicas del 143 se ha terminado de configurar un curioso mapa de España, que deja los nacionalismos reducidos a las realidades nacionales del norte; es decir a Cataluña, el País Vasco y Galicia, además del caso especial de Navarra. También hay partidos regionalistas de cierta fuerza en Aragón y Cantabria, así como en las islas Canarias y Baleares. Por el contrario, desde Castilla y León hacia abajo, en el resto de la península, que incluye Madrid, Castilla-La Mancha, el País Valenciano, Murcia, Extremadura y Andalucía, no hay ninguna fuerza nacionalista con poder de decidir gobiernos autonómicos. Sólo hay un bipartidismo de PSOE y PP, con alguna presencia testimonial de IU, ni siquiera en todos los casos, porque en Extremadura se quedó fuera.Este mapa que se ha formado no debe ser por casualidad, sino porque hay una España situada en el centro y el sur, con sus prolongaciones al este y el oeste, donde los partidos nacionalistas y regionalistas no tienen ninguna fuerza y los partidos estatales poseen casi toda. ¿Es porque se sienten más españoles auténticos que los demás? No lo veo exactamente así, pero es dudosísimo que quienes votan de ese modo consideren a sus territorios como realidades nacionales o nacionalidades históricas, ni aspiren a más autonomía de la necesaria para tener una administración regional. Este mapa del bipartidismo es otro aspecto que favorece la ruina del andalucismo.

sábado, 9 de junio de 2007

El Viaje del PA - Paco Robles - 7/6/07

El viaje del PA

Paco Robles - 07 de junio de 2007


El nacionalismo se cura viajando, pero el PA se ha dado un viaje que no tiene cura. Al menos de momento. De tanto ir de aquí para allá, de tanto bandazo errático y de tanto pasteleo con el primer partido que pudiera facilitarles la poltrona y el sillón, o la mesa y el mantel, el andalucismo se ha estrellado contra el muro de las contradicciones: luego vienen los lamentos y el rechinar de dientes, sobre todo de los dientes que no tendrán nada que masticar durante los cuatro años en que se cifra la travesía del desierto municipal.El andalucismo es un nacionalismo ligth administrado por una trouppe de profesionales de la política a los que hay que agradecer sus modos y maneras. En otros lugares de España apuntan con bala o con el boicot a los que osan criticar las pamplinas nacionalistas. Aquí tenemos la suerte de contar con andalucistas afables que encajan las críticas y que no pierden los papeles en las relaciones personales. En estos momentos de zozobra no se puede hacer leña del árbol caído, y menos del olivo que aparece en el logotipo del PA y que la inmensa mayoría de la gente confunde con una mano abierta.Se han expuesto mil y una causas para explicar el derrumbe del PA y de los pachequistas del PSA, pero se ha quedado en lo más profundo del tintero la razón que subyace a este desplome. Si el nacionalismo se cura viajando, ¿cómo se fomenta? Muy sencillo: educando, aunque en este caso el verbo debería llevar las tres letras del adverbio mal en el sitio del prefijo. En el País Vasco y en Cataluña no florece el nacionalismo de forma espontánea. Las ikastolas y la inmersión lingüística del catalán como lengua del imperio pujolista han maleducado a una juventud que vota ciegamente a los demagogos que les han lavado el cerebro y les han centrifugado, de camino, las ideas. Aquí no se ha hecho, afortunadamente, nada de eso. Y ahí está la clave.El personal se decanta de forma natural hacia los postulados progres o carcas, hacia el PP o el PSOE, hacia la libertad o la igualdad. Pero es muy difícil forjar patriotas de regional preferente sin una educación constante y sonante, que la asimetría es bona si la bolsa sona. En este punto tocamos la gran paradoja a la que se enfrenta el nacionalismo andaluz. A nosotros no nos sirven las fórmulas asimétricas, vulgo insolidarias, que proporcionan ingresos extraordinarios a vascos y catalanes. Todo lo contrario. Un Estado fuerte que reparta sus recursos a los más necesitados es lo que nos conviene, y eso casa mal con un nacionalismo que pretenda copiar los modelos existentes.Ser andalucista pasa, pues, por ser un defensor acérrimo del Estado centralista y jacobino. O viceversa. Esta paradoja es el cortocircuito en el que caen los andalucistas cuando piden más autogobierno. Eso les vendrá bien a madrileños y navarros, pero no a los más pobres de la familia. Si a esto le añadimos el derroche que hicieron los andalucistas cuando tuvieron en sus manos ayuntamientos como el de Sevilla o parcelas de poder en el gabinetillo de Chaves, entonces comprendemos que el resultado de las últimas elecciones ha sido hasta bueno para el PA. Por ese camino podrían haber desaparecido del mapa andaluz.¿Resistirá el PA la enésima travesía del desierto que le espera? Eso no lo saben ni Rappel ni Chaves, que va ahora de adivino de la debacle del PA cuando ignora la fecha en que se celebrarán las próximas elecciones andaluzas que convoca él. Lo único cierto es que el andalucismo deberá definir el rumbo y ajustar las coordenadas del lugar al que quiere llegar. Deben reformarse por dentro y por fuera hasta dar con la tecla de un partido que defienda los intereses de Andalucía sin menoscabo del sentimiento profundamente español que está asentado entre nosotros. Si no se compran una brújula en condiciones es posible que la travesía del desierto se convierta en un viaje a ninguna parte.


(del blog de Paco Robles)

lunes, 4 de junio de 2007

¿Quo vadis nacionalismo andaluz? - Manuel Ruiz Romero

El País 1 de junio de 2007
Si la aparición de Alianza Socialista de Andalucía (ASA) durante el tardofranquismo representó un factor catalizador de una inédita conciencia autonómica, mayor importancia tuvo la imprevista presencia en Cortes de un Grupo Parlamentario para el PSA. El sentimiento colectivo que Infante quiso para su nacionalismo en el camino hacía una autonomía frentepopular frustrada por el golpe de 1936, se esbozaría al celebrar los andaluces un luctuoso Día de Andalucía durante 1977. Resucitaba con el ejercicio de autodeterminación que significó el 28F.

El procedimiento excepcional por la vía del 151 confirmó, entre la debilidad ideológica, comunicativa y orgánica, la fragilidad electoral de un ámbito político como es el nacionalismo andaluz, sufriendo un duro revés durante las primeras autonómicas. Aquel PSA no pudo, supo o tuvo medios para explicar el por qué de sus actuaciones y sólo el PSOE rentabilizó aquella singular batalla contra UCD apareciendo a ojos de la ciudadanía como “el gran partido de los andaluces”. El protonacionalismo del sexenio autonomista fue desinflándose por errores internos, pero también a causa de la desactivación y orientación de ese Ideal por causa del éxito de una labor de cambio institucional realizadas desde las dos mayorías socialistas de 1982.

Desde aquel primer desierto, el nacionalismo andaluz –los andalucismos- han sobrevivido más como un psicogrupo que como un sociogrupo, en palabras del profesor Jerez Mir. Mantiene un fluctuante respaldo electoral y tiene su techo en los diez diputados autonómicos de 1990, un eurodiputado y en el regreso con dos escaños al Congreso de 1989. Hasta el día de hoy, las sucesivas rupturas y los enfrentamientos internos, la carencia de un movimiento socio cultural, el mesianismo, el uso fetichista de Blas Infante, una implantación territorial desequilibrada, la insuficiencia y falta de diferenciación doctrinal y programática, hacen que su paso por las dos únicas legislaturas con coalición que han existido en nuestra Comunidad (1996-2004), resulten un mero dato histórico sin mayor trascendencia para la ciudadanía o la propia formación.

La evolución electoral de Andalucía demuestra que el nacionalismo no se hace sólo desde los despachos. Continúa carente de una apuesta cultural, social y sindical capaz de formar una base social para futuros logros electorales. Zapatero y Rajoy, el bipartidismo, avanza a pasos de gigante por esta tierra y han ocupado en muchos casos el sitio de los alcaldables. Sin embargo, no es menos cierto que, con demasiada facilidad la imagen del partido ha estado en manos de individuos de dudosa trayectoria moral o ideológica, que más han perjudicado que beneficiado a la causa. Las fracturas internas y los debates cainistas han eclipsado unas refundaciones inacabables que, más que actualizaciones estratégicas e ideológicas, han sido meros cambios de nombre y apellidos en las distintas direcciones.

Así las cosas, no es nada singular que el panorama de este espacio ideológico tras las municipales sea incierto. Más bien, es una de sus características. Posiblemente, y entre otros muchos, ni Pedro Pacheco ni Agustín Villar merecían esos resultados, pero ahí están. En contra de lo que afirmó fanfarronamente hace años uno de sus fundadores: el pueblo nunca se equivoca. Claro que no. Por eso, va siendo hora que el abanico PA, PSA, Asamblea de Andalucía, CUT-BAI, Jaleo, Nación Andaluza, Convergencia Andaluza, UPAN... aprendan con generosidad, sana autocrítica y altura de miras, de experiencias –nada novedosas por otra parte-, como la de Nafarroa Bai. Se hace necesaria una unidad de acción desde planteamientos de izquierda. Y entre otras personas, Pimentel, Clavero, Távora, Acosta, Isidoro Moreno o Rejón,...dicho sea con todo los respetos, tendrían mucho que decir si así lo quieren. Al igual que muchos independientes y ese inmenso capital humano que, aburrido o desencantado, ha sido dilapidado durante lustros. Es tiempo de catarsis para la ilusión. Se ha tocado fondo porque, de lo contrario, con más de lo mismo no existe futuro. Seamos realistas y pidamos imposibles. Para que las torpezas y miopías sobre los propios intereses no hagan virtud del quehacer ajeno.

Los peligros están ahí. A nada que el PP de Arenas se barnizase de un táctico regionalismo funcional podríamos estar ante la repetición del efecto Zoido en Sevilla, en un escenario electoral que se nos antoja no muy lejano. La necesidad de un partido andaluz fuerte sin llegar ser radical, pero también serio, coherente y de futuro, continúa siendo algo anhelado por muchos andaluces que, sin embargo, vuelven elección tras elección a supeditar ese interés al voto útil según el caso.

Posiblemente, si el nacionalismo en Andalucía no existe en su expresión política habría que inventarlo. Quizás, como ya dijera Infante sobre nuestra conciencia como pueblo: la dificultad para lograrlo no le resta necesidad y pleno derecho al desafío. Y eso que la esperanza es lo último que se pierde. Eso dicen.